domingo, 18 de janeiro de 2026

Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana * Partido Comunista do Equador/Equador

 Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana

La URJE no nace de manera espontánea, se va gestando por acuerdos políticos entre el Partido Comunista, el CFP y el socialismo revolucionario, liderados por el Lcdo. Pedro Saad, Carlos Guevara Moreno, y los luchadores Jorge Reynolds e Ing. Oswaldo Ayala Núñez. En su cristalización aportaron la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) y la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE).

Lo expresado es sostenido por el escritor Jaime Galarza Zavala, cuando destaca que su padre el Dr. Rafael Galarza, jefe de acción política del CFP, con la aceptación de su partido y la del Partido Comunista -en su estudio de Guayaquil-, dan inicio a la configuración de la URJE con una directiva provisional, presidida por su hermano Rafael Galarza Zavala -quien actuaba como Secretario General de las Juventudes Comunistas del Ecuador, y con el aval del escritor en calidad de miembro del Comité Provisional del Partido Comunista del Guayas.

El movimiento comienza a tomar forma en 1959, después de los hechos del 2 y 3 de junio. En sus primeros momentos, no tuvo la sonoridad de la agrupación de Sergio Román, ni la integración de los socialistas revolucionarios, de los organismos estudiantiles o del Movimiento 3 de Junio; sin embargo su accionar inicial trajo represión cárcel. Comunistas y cefepistas, nucleados la URJE, fueron reducidos a prisión por haber invadido terrenos privados en el sur de Guayaquil Las prisiones para la URJE serán una constante en homenaje a la libertad.

Beatriz acomoda las páginas que terminaba de leer, las cuales lograron satisfacer su inquietud respecto a cómo nacieron los urjistas, y estas la animan a seguir.

Los acontecimientos que se dieron en el régimen de Ponce Enríquez; los sucesos revolucionarios que se manifestaban en Cuba; la aparición del grupo político 3 de Junio; los datos explicados por Jaime Galarza Zavala y la articulación inmediata de la URJE en la actividad electoral, como refuerzo de frentes y acciones anticonservadoras, hicieron captara los dirigentes de los partidos, que la juventud y el pueblo buscaban nuevos espacios políticos y nuevas formas de lucha de masas. Por ello trabajaron para no perder sus reducidos partidarios y la poca clientela electoral demostrada.

Ante eso, la URJE fue la respuesta. Toma presencia y adquiere voz en la campaña presidencial de 1960, y se convierte incluso en figura internacional después de ella. El movimiento superó su postura eleccionaria con acciones que rompieron con el tutelaje y electoralismo que quisieron imponerle. Pasó a ser el invencible contingente revolucionario de las peleas callejeras, especialmente en Guayaquil.

En agosto de 1960, en la ciudad de Quito, se dio la Primera Convención Nacional de la URJE de la cual salió elegido como presidente Jaime Galarza Zavala.

La nueva estructura partidaria nunca dejó de tener conflictos con los que ejercían doble militancia como los miembros del Partido Comunista, pero el impulso combativo de las bases, superaba a las directivas de los partidos que trataban de impedir autonomía de decisión. La caída de Velasco Ibarra con el respectivo ascenso al poder de Arosemena Monroy, permitió que urjistas y revolucionarios, en determinado número, integraran el Concejo Cantonal de Guayaquil, el Consejo Provincial del Guayas y organismos funcionales de la administración pública; asimismo, mantenían una estrecha relación con la Revolución Cubana.

El presidente Arosemena Monroy sentía la presión de las fuerzas conservadoras y de las organizaciones populares, controladas por la política norteamericana a través de agentes al servicio de la CIA que, con violencia y de manera frontal, exigían el rompimiento con Cuba. Declaratorias, artículos de prensa, hojas volantes, bombas en las iglesias endilgadas a la URJE, pastorales, pronunciamientos militares y manifestaciones callejeras, no dejaban de orquestar la orientación de la derecha y de la CIA. Nada con los marxistas y revolucionarios, absolutamente nada con el gobierno de Castro.

La URJE advirtió los hechos y por uno de sus líderes, Edison Carrera Cazar, se conoció la conformación de un Comando Nacional Guerrillero que preparaba la insurrección, y que velaba el mantenimiento de relaciones con la Cube socialista. Dicho comando lo conformaron Jaime Galarza, el Dr. Jorge Rivadeneira, Alfredo Vera Arrata y un conocido agente de la CIA, expulsados luego de las filas de la URJE, y denunciado por Philip Agee -exagente del organismo de espionaje norteamericano-.

El soplón ecuatoriano según Carrera, a nombre del Comando Guerrillero, le informó que había resuelto su integración bajo juramento de lealtad expresado ante él. Carrera Cazar por su parte indicó que se negó, impugnando dicha constitución de un comando a espaldas de la organización revolucionaria ya existente; además, porque consideraba una falta de idoneidad de Alfredo Vera Arrata "Cachito", debido a su aguda cojera y a la desconfianza demostrada para su persona.

La debilidad de Arosemena ante la arremetida de la política imperial de los Estados Unidos de Norteamérica se iba demostrando, y culminaría con la ruptura diplomática con Cuba. Igualmente, los personalismos de la URJE y los celos del Partido Comunista eran muy notorios. La URJE -como ahora se la conoce-, convocó a sus miembros por medio de sus dirigentes, a numerosas concentraciones en diferentes lugares de las montañas ecuatorianas, en la zona de Quevedo y principalmente en Santo Domingo de los Colorados. No se reunieron para levantarse en armas, sino para hacer ejercicios militares y estar en situación de alerta. El mundo habló de guerrillas pero no fue así. Los resultados: Sergio Román herido, unos pocos escapados, y el resto reducidos a prisión Aquella fue la situación de Santo Domingo de los Colorados en abril de 1962, como oportunamente quedó señalado.

Han pasado algunos años y todavía se mantiene la interrogante: ¿por qué la CIA, con su poder, no obligó a que mataran a los inexpertos revolucionarios en acciones guerrilleras, a pesar de ser un blanco fácil? No hay respuestas convincentes, con excepción de aquella que sostiene que la mortandad fue evitada por la capacidad de decisión y de maniobra del presidente Arosemena Monroy. Yo me inclino a favor de ella. Las concentraciones de los urjistas en la montaña no hablaban de oposición abierta al Presidente, sino del rechazo a la ruptura con el gobierno de Fidel en la isla.

Una masacre hubiera sido impolítico para los intereses imperiales y de los sectores de dominación del Ecuador, puesto que no se debe olvidar el prestigio y la solidaridad de la que gozaba la URJE en la juventud y aun entre muchos pobres del país. De haberse presentado un hecho de tal naturaleza, la violencia de las masas no se habría hecho esperar. Y con mayor razón -como me lo manifestara Edison Carrera Cazar durante una entrevista que mantuvimos-, porque militares de selva, oficiales y tropa lo visitaban antes de lo sucedido en Santo Domingo de los Colorados para hablar de insurrección.

Lo dicho por Carrera Cazar no se puede dudar, pues por lo de Santo Domingo cayó también preso el Teniente Lenin Torres, del grupo de paracaidistas que fue a reprimir a los concentrados Lo que pudo haberse provocado, debió haberlo comprendido el Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy y que seguramente trabajó sobre aquello. Lo del Toachi, en la zona indicada, fue un bluf Sin lugar a dudas, lo de Santo Domingo de los Colorados y lo de Quevedo -que se extinguió por lógicas consecuencias-, fue una jugada para sacar provecho publicitario en las masas, con o sin muertos. No obstante, lo del bluf, plantea otra pregunta: ¿quiénes fueron las inteligencias marrulleras que jugaron con la honestidad de idealistas en búsqueda de libertad? Hay que encontrarlas entre los beneficiados.

En cierta ocasión, con antiguos y probados exurjistas hablamos del tema y encontramos sospechosos; sin embargo, bajo simples conjeturas resulta difícil probarlo. De haberse dado una carnicería, otra sería la historia y, el que escribe estas hojas, a lo mejor no hubiera podido hacerlo.

Mantengo en mi memoria cuando me citaron a las calles Olmedo y Pichincha de Guayaquil, con la intención de que integre un grupo comandado por el informador de la CIA, quien era uno de los dirigentes nacionales del Comando Guerrillero y de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana. El grupo no iba para Santo Domingo de los Colorados, sino para algún otro lugar, quizá a Quevedo; pero no se llevó a cabo la integración, porque el informante que me contactaría jamás apareció.

Beatriz Strauss, detiene la lectura, estira su espalda y con los brazos hacia arriba, relaja su cuerpo con una profunda respiración, se lleva las manos sobre sus mejillas y se pone a cavilar. Los comunistas, los apetitos personales de poder en la dirigencia urjista, la inmadurez y la CIA van minando la estructura revolucionaria de la juventud ecuatoriana; factores que a lo mejor la CIA no desconoció y que incluso se encargaba de alimentar. Para los juegos de poder y para los embustes, la Central Intelligence Agency es experta, muy eficaz. La CIA ha creado situaciones para novelas o las han copiado de la literatura; lo denunciado por Philip Agee sobre Ecuador, como seguramente lo conocerá el exagente, es poca cosa en relación a lo que ha construido la CIA.

Con estos temas en mente, Beatriz en sus pensamientos tampoco olvida la creación de una supuesta organización revolucionaria, articulada por su padre en un país latinoamericano, que creó una diabólica cortina de distracción para favorecer a los intereses políticos y económicos norteamericanos y de los empresarios gobernantes. Se aprovechaban de la incapacidad política, la ingenuidad, el deseo de figuración y la ansiedad de cuatro revolucionarios. Por medio de un agente cercano a ellos, los inducían a formar un supuesto movimiento revolucionario al que le dan un nombre. Se designan responsabilidades, planifican golpes económicos, pintadas de paredes y reclutamientos no exentos de policías, agentes y delatadores. A la red, así extendida, calas tiburones y sardinas.

Dicho grupo al que Beatriz recuerda con varias imágenes mentales- creció; pero desde sus primeros pasos cuidó que los manejados por la CIA y por el gobierno, controlen los mandos en todos los niveles de la estructura, al tiempo que se procuraba que en las filas no haya intelectuales. A estos últimos se los consideraba en su mayoría como cobardes, si bien cuando demostraban valentía solían resultar peligrosos, sobre todo los seguidores de Gramsci, los trotskistas y los cristianos.

Beatriz se dice en voz baja: "Cuando es asesinado un intelectual o un cura, sus muertes-cualquiera de ellas-, traen cantidad de complicaciones, por la solidaridad mundial que despiertan y por las investigaciones abiertas u ocultas que impulsan para dar con los autores". Los gobiernos y la CIA, deben velar por su prestigio de organismos justos y defensores de las políticas democráticas alineadas a los Estados Unidos de América. "Por eso, las opiniones de los intelectuales, es mejor combatirlas con la contrapropaganda", comenta Beatriz mientras mueve su cabeza en señal de desaprobación, y aprieta sus labios con rigidez.

El recuerdo de Beatriz concluye con un mayor sentido de indignación para ella. El supuesto movimiento revolucionario, tuvo bajas que sacaron de circulación a los cuatros revolucionarios fundadores y a otros convencidos. Pocos fueron los auténticos revolucionarios que no murieron o que por diversas razones se separaron. Por medio de los infiltrados se llegaron a obtener algunas informaciones de movimientos revolucionarios extranjeros con los cuales se celebraron acuerdos unitarios y de cooperación. Y para asegurar y darle dramatismo a las luchas ficticias contra el "terrorismo", se decidió la muerte de policías y enemigos del poder, dueños de grandes fortunas. Los gobernantes, además de las "guerrillas", crearon otras maniobras de terror; y así, controlaron a su favor todos los intereses que representaban en el universo del capitalismo. La oposición del régimen no cayó en cuenta y los que, con opciones de triunfo presidencial entendieron la jugada, supieron silenciar; seguramente su silencio obedecía a que ellos también esperaban usarlos.

"Mi padre, mi amado padre"-decía y suspiraba Beatriz-, "quería tanto a su patria que, en esa guerra fría, buscaba superar a Maquiavelo". Y, sin saberlo, Beatriz pensaba en el argumento de aquel relato de Jorge Luis Borges llamado Tema del traidor y del héroe, sobre un jefe revolucionario, a quiena través de una investigación se lo descubre como el siniestro felón y es ajusticiado por sus compañeros; aunque los revolucionarios por razones políticas no lo hicieron conocer, por lo que su muerte se presentó como causada por el enemigo.

"Las novelas enseñan" -afirmaba en su interior Beatriz, mientras relacionaba su historia con l Lo consideraba otro ejemplo y algo que igualmente hombre que fue Jueves de Gilbert Keith Chesterton su padre no conoció, en tanto Chesterton entrega esotéricas, activadas en la conspiración de un en su trama imágenes humanas y filosóficas grupo de jefes anarquistas, todos ellos agentes de la Policía. Después de tantas remembranzas Beatriz retoma la lectura.

En septiembre de 1962, nos dice Carrera que en Quito y sin mayor publicidad, se dio la Segunda Convención de la URJE. Después de las consabidas discrepancias de carácter personal entre los dirigentes y los comunistas, se constituye una nueva Dirección Nacional, presidida por Alfredo Vera Arrata, e integrada por Jaime Galarza Zavala, el Dr. Jorge Rivadeneira, el agente dela CIA, él y otros. El Partido Comunista no pesaba en esa dirigencia.

Algunos de los egresados del Penal García Moreno de Quito-en donde fueron encarcelados por lo del Toachi-, partieron para Cuba con el objetivo de prepararse militarmente para la guerra de guerrillas en las montañas del Ecuador. Nuestros montes y campos se cansaron de esperar la ansiada guerra de guerrillas. Sin embargo, la prisión de los urjistas trajo aparejados dos acontecimientos que dieron que hablar, pues despertaron mayores simpatías en el pueblo y burlas abiertas para la seguridad del gobierno de Arosemena Monroy.

Compañeros de Guayaquil, con ayuda de los capitalinos, rescataron a Sergio Román de la clínica donde se recuperaba de la herida. Fue tanta la impresión de alegría del herido, que se restableció de inmediato. El poeta liberado, aprovechando su tipo europeo, con un buen teñido de rubio en su pelo, un no exagerado bigote y el andar de hombre sin problemas con la justicia, no se perdía los actos culturales del Teatro Sucre de la ciudad de Quito.

El otro hecho tuvo lugar en el ya citado Penal García Moreno, durante el Día de la Madre. "Avispa" Mendoza, uno de los buenos caricaturistas quiteños, pintó el sello que ponían a los visitantes del penal en las muñecas de Miguel Panchana, Francisco Mármol y Carlos Alvarado Loor. Entre los conjuntos musicales, visitas y despidos, salieron los urjistas dando la mano a los carceleros. Uno de ellos, al notar la atención de estos jóvenes educados, le solicitó a Panchana cigarrillos; y este con esmero le obsequió una cajetilla, sin dejar de recomendarle un buen trato a los presos que ellos cuidaban. "No se preocupe" -contestó el guardián-.

Cuál y cuán serio habrá sido el castigo recibido por aquel guía de prisión, que cuando volvió a ser carcelero, solo demostraba odio y maldad para con todos los costeños que, por razones políticas, eran reclusos del penal.

Después del golpe militar de Pinochet contra el presidente Allende, al igual que otros ecuatorianos, busqué asilo en la Embajada del Ecuador, y con las penurias del caso abandonamos Chile. Ya en Quito, luego de nuestra llegada, la dictadura insulsa del General Rodríguez Lara redujo a prisión a la mayoría de los que vinimos en el avión militar, el cual había ido hacia Chile para regalar arroz -en muestra de solidaridad al régimen dictatorial que allí se instauraba-.

De los noventa días que estuve detenido, ochenta fueron en calidad de incomunicado. Durante ese tiempo, fui objeto de investigación, en un ir y venir dentro del penal y también hacia otros centros policiales y militares, puesto que pretendían conocer qué hacía en Chile, y cuáles eran mis amistades. Los interrogatorios y preguntas provenían de los policías y militares, de la internacional del sable; en definitiva, de la dictadura chilena, pero en mi caso, no obtuvieron las respuestas esperadas.

Conocí al "famoso" celador, quien frustrado me expresó con claridad sobre la molestia que le causaba cualquier "mono", calificativo aplicado los costeños porque se creen muy vivos -como aquellos que se le fueron mientras estaban bajo su control-. Le dije una vez, que ya habían pasado más de once años y que no tenía vela en ese entierro; que mejor se olvide ya de eso. "¡Jamás!", me contestó. Este hombre llevaba encima aquel veneno, y a todas luces era un carcelero orgulloso de que su padre, abuelo v bisabuelo habían sido guardianes del penal; pero por sobre todo, de su bisabuelo en la época de Gabriel García Moreno, quien mandaba a poner ratones con hambre en las celdas de sus enemigos políticos. Los guardianes eran despreciables con los presos que les caían mal, y yo fui uno de ellos. En los días de incomunicación, no se me permitía ir a los patios ni fuera de mi espacio, solamente salía tres o cuatro veces al día, con el visto bueno de mis "ángeles de la guarda" y bajo estricta vigilancia al cuarto con pozo llamado "escusado", que no tenía techo. A pesar de ello, mi permanencia en el lugar la hacía larga y la extendía lo más que podía. "Apúrese" era el grito inmediato, mientras tocaba la puerta -el carcelero por herencia biológica-. "Señor, esto no es de escupir", le contestaba. Las discusiones se extendían sobre los procesos digestivos, y de esa forma abrazaba con dulzura al sol de Quito que, por las circunstancias, lo veía aún más bello de lo que es.

Los diez días que logré estar comunicado, fueron gracias a la solidaridad de otros detenidos como Jaime Galarza Zavala, así como de algunos familiares, compañeros y amigos. Entonces ya podía desplazarme por el penal y recibir visitas, aunque siempre llevaba forzadas compañías, sin ser invitadas, las cuales en los días correspondientes a sus guardias se incluían entre mis verdaderos visitantes para escuchar las conversaciones. Pensaba que tanto envenenamiento no era posible, así que resolví hacerles una pasada que jamás olvidarían.

A dos presos con quienes tenía buena comunicación y de quienes estaba informado que no eran "sapos", les pedí que me hicieran un favor.

-¿A quién hay que matar?-en tono de broma replicó el manabita de la zona de Miguelillo y el otro, un ambateño fornido, sonreía.

-No se trata de muerte. Lo que quiero es que mañana, cuando los pesquisas celadores ustedes conocen que me joden la vida se paren a conservar al pie de ese pabellón, tú, manaba, te subas al piso que está desocupado. Deberás llevar un tarro y en él orinas cuando estés en esa planta y como será imposible que te puedas asomar por las rejas que cubren las ventanas, te guiarás por el amigo que se pondrá frente a ellos a diez metros de distancia; con él te orientarás y no te demorarás en echar los meados. Enseguida bajas, como si no hubiera pasado nada.

-A la carga-contestó.

Y el ambateño, al momento respondió.

-Es buena la papa y hay que hacerla.

Al día siguiente, por la mañana, solo apareció el orgulloso descendiente del trabajo de sus antecesores y se ubicó en el lugar de costumbre, vestido de terno negro, sombrero negro, camisa blanca, muy blanca, corbata roja y zapatos café. El hombre se puso a leer el periódico que llevaba bajo el brazo. De pronto, se agachó, botó el diario, se quitó el sombrero, quiso botarse a la piscina, no sabía qué hacer. El aire que soplaba con rapidez hizo expandir la insoportable pestilencia.

-Manaba, tú estás enfermo de los riñones, han pasado tres días y en ese lugar sigue apestando.

-No jefe, lo que pasa es que cuando subí arriba, vi una cantidad de tarros llenos de miado y mierda: son de los borrachos que suben a hacer sus necesidades y no botan los tarros. Dejé el mío y boté el que agarré primero.

Beatriz, con risa tenue, movió la cabeza a la derecha.

La creatividad y la chispa jocosa siempre fueron parte de los dramas de la URJE. Florecían en su incansable accionar; eran formas de golpear a la rigidez del sistema; en algunas circunstancias burlándonos de los enemigos y en otras, por supuesto muy pocas, embromando a un oportuno para objetivos políticos. En la batalla no todo es lágrima, como aquellas imágenes tragicómicas iniciadas en el barrio Boca-Diez, que se dieron con la colaboración honesta de un desinformado trotamundos de Nueva Zelanda.

Al mediodía, como de costumbre, los amigos de la barriada nos reuníamos en la esquina noroeste de las calles Boyacá y 10 de Agosto; y entre las charlas políticas y las pegadas de las nuevas noticias revolucionarias al periódico mural, vemos que frente a nosotros se detiene con su motocicleta un joven de aspecto extranjero: alto, fuerte, de cabellos largos y crespos, abultada barba de colores rojizos, y con el clásico vestido de sempiterna de azul gastado.

"Please mister", le dijo Antonio Torres, "Dame la mano mi hermano", flaco y de características físicas contrarias al extranjero, a excepción de su color rosado y de sus ojos de tonos celestes. Wellington Cook respondió al llamado. De inmediato también se acercó Francisco Mármol con otros de la esquina, y con un inglés chapucero los dos se comunicaron con él.

¿Qué le dijeron?", fue la pregunta curiosa de todos nosotros los que no escuchábamos o que hablábamos menos inglés que Mármol. De inmediato, airosos y con gestos teatrales, nos conversaron que habían convidado a Wellington Cook para que a las siete de la noche asista como invitado especial, en su calidad de extranjero deportista, a un acto patriótico que se iba a efectuar en la Plaza del Centenario; y que el trotamundos agradecido por la invitación ofreció estar en el barrio para asistir al evento.

-¿Cuál es esa celebración patriótica? No veo clara la nota -expresó "Coquín" Alvarado.

-Mira, la vacilada es la siguiente -manifestó Pancho Miguel, y se puso a explicar-.Hoy es jueves, y como sabemos, a las siete y media de la noche siempre se presenta la retreta de la Zona Militar. El Centenario estará lleno de gente y nosotros nos aprovecharemos de eso, llevándolo a Wellington para hacerlo pasar como un cubano que hablará en la Plaza del Centenario ante la masa del parque que escucha la retreta. Nos vamos hasta el Consulado de los Estados Unidos después de los discursos, y lo ponemos adelante a Cook que no sabe nada de español.

"¡Se pasaron!, buena la nota!, i genial mi hermano!", con alegría muy exteriorizada decíamos los amigos de Torres y Mármol. Antonio Torres, con intenciones de bailar, movía con ritmo su muy delgado cuerpo y al rato parecía que la holgura de su saco, de grandes hombreras, lo podía tapar. Pancho Mármol peinaba sus pelos crespos y se acomodaba la chaqueta a cuadros, tan usada en el trabajo de visitador médico, que dejó por considerarse explotado del capitalismo. Entre las comunicaciones de contento, me pareció que había que preparar el acto y sostuve que de inmediato llamáramos a todos los del barrio y de la esquina cercana de Clemente Ballén y García Avilés -que también eran urjistas-, para que a la hora convenida estuviéramos en nuestros sectores, y junto con los de la otra barriada adelantarnos a la Plaza del Centenario, para preparar a la gente con el rumor de que iba a hablar un cubano.

Lo planteado se aceptó, se nombraron incluso comisiones para traer banderas, para contactar con los compañeros y con los estudiantes del Colegio César Borja Lavayen, institución educativa conformada por alumnos trabajadores, obreros y gente muy pobre de la ciudad, pero con un prestigio combativo de gran admiración.

A la hora indicada el invitado no aparecía; en el barrio había preocupación, pero de pronto vimos a Wellington caminar hacia nosotros. Llegó sin su motocicleta y con cierta manera marcial en el andar, más la melena y la barba que poseía, muy puesta en moda por los cubanos, daba la impresión de un verdadero comandante. Nos pidió disculpas por el retraso, debido a que lo demoró una entrevista deportiva. De acuerdo a lo previamente convenido, con unos cuantos amigos nos adelantamos a la barriada de Clemente Ballén y García Avilés, para con ella preparar el recibimiento y la concentración de masas, utilizando el rumor de que iba a hablar un cubano, que circuló y se confundió entre la muchedumbre.

A los pocos minutos de nuestra llegada se aproximaba un grupo de cincuenta personas, cuyo centro lo presidía el bueno de Wellington Cook, junto a Mármol, "Coquín" Alvarado-muy lleno de gozo-; Humboldt González, "Atila" Valle, con su bolso de ovillos de hilos que vendía de lunes a domingos por las calles de Guayaquil, y Rogelio López, "Superman", que atrás del "cubano" agitaba una bandera del Ecuador.

El grupo de manifestantes -a pocos metros de la Plaza del Centenario-, fue recibido con aplausos iniciados por "los Naños" Borja, los Riofrío y por "el Loco" Manfredo Valdez, que se tomó la jefatura de la barra y como buen director de orquesta, consiguió que la banda musical de la II Zona Militar, termine su alegre actuación de jueves de retreta.

En la plaza nos ubicamos al pie de la Columna de los Próceres. "Alza los brazos y saluda", le decía Mármol a Wellington y él obedecía. "Sonríe", y el invitado sonreía. No sabe hablar español y es como caído del cielo comentó una cuarentona licenciada en derecho, dirigente de la juventud comunista, que no se perdía una retreta y cuya fuerte risa la obligó a buscar los servicios higiénicos del parque.

Comenzaron los discursos; primero habló Carlos Zapata Álvarez, seguido por Pancho Mármol, y después "Coquín" Alvarado. Al tercer orador, por su tono de voz, por la improvisación no coherente y por la entonación de sus palabras como campesino costeño, no se le entendía bien lo que hablaba. No obstante, se notaba ya ansiedad en la masa. De repente, el compañero urjista "Agua de coco", vendedor de coco en el Centenario, se paró sobre la rama del árbol en la que estaba sentado, se agarró con una mano de otra rama para sujetar su cuerpo musculoso y de caballera alargada, mientras que con voz estruendosa y con su otra mano levantada y en señal de puño, cortó la intervención de Alvarado y comenzó a gritar: "¡Que hable el cubano, que hable el cubano!".

Millares de voces se hicieron eco del urjista no advertido, en tanto que el pedido general reclamaba escuchar al cubano. Cook, con sus actos, parecía hipnotizado, obediente seguía haciendo gestos y dibujando sonrisas; la cosa la vimos difícil, pero aprovechamos una ligera calma de las masas cuando se anunció que ya iba a hablar. Expresé un breve discurso sobre las mismas ideas de revolución y defensa de Cuba que fueron tocadas por los tres expositores anteriores y les dije a los reunidos, que el compañero cubano, solicitaba al pueblo guayaquileño que lo acompañe hasta el Consulado de los Estados Unidos para desde ahí, hacer conocer al Ecuador las diferencias con el imperio estadounidense.

Los compañeros urjistas se adelantaron en aceptar, mientras que las empleadas domésticas, trabajadores, vagos, borrachos, galanes, maricones, rateros, viejos jubilados y otros ecuatorianos de los grupos horizontales respaldaron el refuerzo atento de los urjistas. Comenzamos a caminar al consulado situado a cuatro cuadras de distancia desde la calle Pedro Moncayo y 9 de Octubre, con intersección en el Centenario.

"Cuba sí, yanquis no. Cuba sí, yanquis no. Cuba sí, yanquis no". Los manifestantes decidieron gritar y Wellington, rodeado de urjistas y curiosos, empezó a vacilar hasta que decidió reaccionar "Politics no, politics no!".

Wellington Cook, en su recorrido por Latinoamérica, ya había escuchado esos gritos a favor de Cuba y muy usuales en la región, por lo que en esos momentos cayó en cuenta de la broma pesada. "Es gringo" -atinaron a decir algunos curiosos. Los rateros quisieron aprovechar y trataron de robarle; nosotros tuvimos que cuidar su seguridad y los bolsillos.

Un viejo con bastón empezó a denunciar e insultar: "¡Nos han engañado, comunistas, hijos de puta!". "¡Que los metan presos!", vociferaron unos policías vestidos de civil que esa noche estaban francos. Lo planeado no llegó a su fin, y la gresca comenzó.

Guardias civiles, cascos que saltaban de las cabezas de los agentes del orden, garrotes erizados sobre los cuerpos de la masa, peleas entre urjistas y velasquistas; velasquistas, urjistas y pobladores que se defendían de los garrotazos de los policías. Como de costumbre, los que pocas faltas tuvieron en las clases de enseñanza-aprendizaje de las microguerras callejeras estuvieron presentes: Carlos Castro Torres, patadas en los rostros de los contrarios: Julio Moncayo Freire, "Superman" López y "Gambito" conducían directo al suelo a los contrincantes; "Coquín" Alvarado, Lorki Flores, Antonio Viejo, "el Patucho" Félix Zambrano, Amalio Sánchez, "el Ojón" Delgado, "Chatarrín" Rodríguez, Ramón Verduga, "Chicho" Moreno y otros, recibían y atacaban con el uso de puños, pies, zancadillas, llaves y cabezazos.

El zafarrancho cubrió unos cincuenta metros de la calle 9 de Octubre, frente a la Casa de la Cultura, ya que ni siquiera se pudo avanzar una cuadra. Algunos fuimos a prisión, mientras que los estalinistas -asomados en las ventanas de la mencionada institución cultural-, volvieron a sus mesas para continuar discutiendo sobre las siete leyes dialécticas de Stalin, y sobre la importancia de analizarlas áreas administrativas de la conducción del Estado, por si acaso llegase la revolución.

Volvió la tranquilidad al sector, pero a la mañana siguiente, la prensa en grandes titulares reseñaba la noticia: "WELLINGTON COOK AGITADOR COMUNISTA INTERNACIONAL FUE REDUCIDO A PRISIÓN POR PRODUCIR ALGAZARAS Y RIÑAS VIOLENTAS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD EN UNIÓN DE CONOCIDOS EXTREMISTAS. El ciudadano de Nueva Zelanda, alega que no es político, que realiza un recorrido por América con fines deportivos, y que en su estadía en Guayaquil vive en la bomba Salamandra, lo cual pueden confirmar los bomberos de ese lugar. Cook hoy será deportado del país". Páginas sobre páginas se pueden llenar al escribir sobre las anécdotas de la URJE y del activismo de los sesenta. La chispa, la audacia y la búsqueda de la muerte por la razón suprema de la vida, imprimió caracteres históricos de justicialismo solidario con el hombre, con el pobre y con la tierra. La toma de suelos ociosos a ociosos terratenientes, la toma del Consejo Provincial de Los Ríos, de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, la de la Gobernación del Guayas y de los caminos públicos, las persecuciones y exilios, el entrar y salir de los centros de reclusión; la clandestinidad, la expropiación de armas y recursos financieros. La piedra, la bomba y el libro en la mano retratan lo que fuimos, y a quienes cayeron en acción por torturas y crímenes sin nombres. Reflejan intermitencias de sueños, valentías y rechazos a los falsos valores, al desconocimiento de nuestra autodeterminación soberana, a los déspotas y a los ladrones de cuello blanco enriquecidos ayer y con más riquezas y poder el día de hoy. Son los mismos de siempre; y, nosotros, los de aquellos tiempos, en elevado porcentaje por los ritmos biológicos, por los cambios ideológicos, por los roles que modelan diferentes comportamientos, por factores de personalidad o por desviaciones delictuosas, somos otros, Con bienes, poder, o sin ellos, seguimos enredados en los laberintos, en las anomias sociales. La historia y cada uno de nosotros sabrá justipreciar nuestras anteriores y actuales conductas.

En Guayaquil se realizó la Tercera Convención de la URJE, durante la primera semana de enero de 1963. Aquí se dio el comienzo del fin de lo que pudo ser y no fue: poder real de masas. Socialistas, comunistas e izquierdistas, de todos los rincones del Ecuador, con apasionado calor afectivo sumado al propio del clima costeño, abrimos debates y decidimos algunas resoluciones, La reunión debatió tres puntos: informes políticos, concentraciones del Toachi y expulsiones.

Los delegados comunistas eran los más numerosos, sobre todo los dela provincia de Pichincha, quienes estaban dirigidos por dos representantes de la delegación dela provincia del Guayas, René Maugé Mosquera y Antonio Gagliardo Valarezo-con pocos días en el Ecuador tras su permanencia en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)-.

Un departamento acondicionado en la larga sala de una casa vieja de un piso alto, que alguna vez estuvo en las calles Colón entre García Avilés y Boyacá, sirvió de escenario para la convención, que solamente contó con la asistencia de las representaciones provinciales y de la dirigencia nacional.

Desde un comienzo los tonos subían y de manera abierta tomaban posición: "guillotina" o defensa de los acusados. En los discursos hubo más pasión que encuadres teóricos. No se aceptó el informe presentado por el presidente de la URJE, Alfredo Vera Arrata "Cachito"; ni tampoco las argumentaciones con fuerza lógica de Jaime Galarza Zavala; y, quedaron en dudas las explicaciones otorgadas por Edison Carrera Cazar.

Transcurridas así las cosas, la asamblea resolvió:

1.       Por mala conducción política y por manejo desconocido de cinco mil dólares entregados por Cuba a Alfredo Vera Arrata: expulsado por unanimidad.

2.       Por desconocimiento del uso de veinticinco mil dólares entregados por Cuba al Dr. Jorge Rivadeneira: expulsado en ausencia por unanimidad.

3.       Por complicidad en los desaciertos políticos de Alfredo Vera Arrata, Santiago Pérez (ausente), Mario Vera Arrata y el agente de la CIA: expulsados por unanimidad.

4.       Por la falta de claridad en el manejo de setenta y cinco mil sucres en posesión de Edison Carrera Cazar, entregados por el Dr. Manuel Araujo Hidalgo, suspendido por mayoría de votos hasta el próximo Consejo Nacional Ampliado, en la que el enjuiciado deberá comprobar su honestidad de procedimientos para ser absuelto.

5.       Por desatinada actividad política en la directiva de la URJE, Jaime Galarza Zavala: expulsado por mayoría de votos.

Sobre los dos últimos nombrados, debo decir, que Carrera, por mi moción aceptada, obtuvo esa resolución y que Galarza recibió dos votos en contra de la expulsión, el mío y el de Milton Reyes. Este último, además abandonó la sesión mientras denunciaba que el Partido Comunista al cual pertenecía, fabricó la expulsión del compañero Jaime Galarza Zavala, y que por los méritos del camarada, le parecía algo insólito y se oponía.

Lo expresado por Milton Reyes contiene verdad no solo por lo de Galarza, sino por toda la trama.

En general, impulsaron la emotividad juvenil en desmedro de la investigación racional de los encausados. Los comunistas dueños del partido, sabían más por viejos que por diablos. Con el pasar de los años, sin justificar los procedimientos de aquella dirección urjista, mantengo la opinión de que el asunto debió ser más estudiado, sobre todo en torno al papel y poder que tenía el vil informador de la CIA.

Superado lo de las sanciones, con el respaldo de los urjistas no afiliados al Partido Comunista, maniobré para que los del PC conformen el Consejo Nacional Ampliado; y así, impedir que constituyan el Consejo Ejecutivo Nacional (CEN), porque los estatutos lo impedían, en tanto el Consejo Nacional Ampliado hacía las veces de Congreso en receso, para juzgar las conductas de la Dirección Nacional.

Los comunistas cayeron en la maniobra y Maugé, Gagliardo y José Safadi Emen fueron nombrados. Al otro día, advertidos de la pérdida del mando y control de la URJE, en su mayoría desconocieron lo resuelto, no renunciaron a las dignidades antes elegidas, y algunos de ellos se hicieron designar miembros del CEN de la URJE; y, por temor a un rompimiento, no se tomaron toda la dirección.

La nueva directiva quedó estructurada con los comunistas en las mejores responsabilidades de poder y su constitución se dio de la siguiente forma: Presidente, Carlos Zapata, quien se encontraba en Cuba; Secretario dela organización, René Maugé, quien remplazaría en la presidencia a Zapata: Secretario de capacitación política, José Safadi Emén; Secretario de propaganda, Inmi Montero: Secretario de juventudes y coordinación estudiantil, Antonio Gagliardo Valarezo; Secretario de campesinado, Félix Zambrano; Secretario de obreros, Gonzalo Macas. En las suplencias: Héctor "Chatarrín" Rodríguez, Piero Aycart, Walter Wiesner, y diferentes urjistas de provincia afiliados al Partido Comunista.

En la tercera convención, los jóvenes de más edad eran Alfredo Vera Arrata, Jaime Galarza y Edison Carrera, revolucionarios que destacaron en su oportunidad como líderes. En dicho encuentro hubo sucesos e ideas brillantes para recordar. Entre las mujeres del grupo de Pichincha, había una que llamaba la atención. Era fea, fea de fealdad antiestética: poco menos que enana, de mirar coqueto, temeroso y malvado; y, con barriga y senos más extensos que su estatura. A ella se le acercó un urjista para reclamarle su cambio de opinión, porque minutos antes había dicho que Carrera era inocente y luego resolvió votar contra él, no así otros miembros de su mismo partido. "Mi criterio es el del Partido Comunista", supo responder la dama.

Carrera Cazar, golpeado en su yo de conocida egolatría, acusó al comunista Efraín Álvarez-quien no era miembro de la convención-, de faltar al compromiso de designarlo como candidato para diputado; en su lugar escogió a César Sacoto, un hombre del partido. Mario Vera sostenía que los comunistas, hasta unas horas antes de las expulsiones, le aseguraron que contra los Vera no había problema.

En realidad, utilizando el conocimiento que tenían de los líderes más nombrados de la URJE, los comunistas trabajaron con la emocionalidad de la juventud urjista y con los personalismos de los máximos representantes de la organización revolucionaria, quienes olvidaron la dureza y frialdad de la política aplicada para el dominio de una institución partidaria de masas. No entendieron que para el dogmatismo estaliniano, solo es el partido el que juega y ha jugado el rol de la revolución; el resto no existe o simplemente debe ser olvidado. Para Stalin en su dictadura habían dos grupos en la revolución bolchevique: los buenos y los malos. Lenin y él eran los buenos, y los "malos" desaparecieron de la historia oficial, pues nunca los nombraron.

Aquellos sucesos forman parte de la memoria de la URJE, pero también las ideas de gran alcance.

Piero Aycart y Luis Méndez me plantearon apoderarnos de la URJE, bajo la premisa de que no se aceptaba la doble militancia, por desconocedora de los estatutos y principios del movimiento. Además, en Guayaquil se asentaba el poderío de la URJE; por ello, los compañeros que estaban en Cuba, mirarían con agrado un hecho de esa naturaleza, como lo indicó Walter Wiesner; y, gran cantidad de urjistas de las provincias harían causa común. Agradecí la confianza de los compañeros, pero no acepté encabezar la propuesta.

Han pasado más de tres décadas, y hoy reconozco mi vacilación desorientada por falta de visión política, y rindo también mi reconocimiento a la brillantez de los compañeros.

Como era de esperarse, nunca se reunieron ni la Dirección Nacional, ni el Consejo Nacional Ampliado. La estructura revolucionaria se extinguió en acciones urbanas de poca trascendencia; a lo máximo que llegó, fue a la explotación de diez bombas panfletarias a la misma hora y en diferentes lugares de Guayaquil, en los tiempos de la dictadura de los triunviros, presidida por el Contralmirante Castro Jijón, quien ejercía el poder desde el 11 de julio de 1963, fecha en que derrocaron al Presidente Arosemena Monroy.

Por lo sucedido al interior de la URJE, por las enconadas diferencias y divisiones ideológico-políticas a nivel mundial entre China y la Unión Soviética, y por las persecuciones disgregadoras de la dictadura -que la integraba también otro agente de la CIA-; los urjistas nos dividimos en busca de espacio y acción revolucionaria, y eso a su vez obligó a que se formen una cantidad de grupos. A saber: la URJE clandestina; Vencer y morir; el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), inspirado en Mao Tse Tung; el Movimiento de Izquierda Radical Ecuatoriano (MIRE), que poco tiempo después se denominó Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), y otros.

La URJE vivió pero no alcanzó el desarrollo que se hubiera esperado. Desde mi conjetura, por cinco factores:

1.       Falta de un liderazgo con capacidad de organización, concepción ideológica de la realidad nacional y convocatoria carismática.

2.       Ausencia de estrategia política para la conquista del poder.

3.       Doble militancia.

4.       Acoso dogmático de líneas estalinistas.

5.       Acciones mórbidas de dirigentes deshonestos.

Como en tantos casos, cuando el brillo de la obscuridad de los mediocres es opacado por la llama solar iluminadora de objetivos sociales diferentes a las metas mezquinas, los afectados reducidos, prefieren la muerte de los soles, aunque con ellos mueran quemados.

El pez de la corriente revolucionaria se escapó de las manos corruptas de quienes pretendieron volverlo pescado, pero no por mucho tiempo. Los factores anotados activaron sus roles, y con determinación contribuyeron a la extinción de la UNIÓN REVOLUCIONARIA DE LA JUVENTUD ECUATORIANA, estructurada por utópicos varoniles, en su mayoría con veinte años de edad.

Beatriz deja sobre la mesa la pluma que usa para subrayar y anotar en los márgenes de las páginas; separa un anexo del velasquismo en el cual Inti sostiene que los componentes de la personalidad de Velasco Ibarra lo configuran como fascista, al afirmar que los elementos económicos y sociológicos del Ecuador no permitieron la gestación del fascismo, pero sí del populismo incubado en nuestra sociedad. Ordena las hojas relacionadas con el MIR, con Eusebio y con AUSHIRY, para disponerse seguidamente a leerlas.

Movimiento de Izquierda Revolucionario

En la lectura sobre el MIR, Beatriz comprende que este se destaca como un organismo revolucionario fundado por Inti, Carlos Alvarado Loor, Carlos Álvarez, Carlos Castro Torres y otros revolucionarios salidos de las filas de la URJE, así como de pequeñas células y gente llegada de Cuba. Y también comprende que se borró el nombre de MIRE y se asumió el otro por razones de publicidad, por la existencia del MIR venezolano, y por la incorporación de quiteños.

El Movimiento de Izquierda Revolucionario nace a pocos meses del golpe militar. Labora en la clandestinidad, se reclama socialista: decide no pedir ni aceptar dinero del extranjero por precaución; su estructura es de carácter triangular. Se determina un código de seguridad, se cuida de incorporar desconocidos o elementos nuevos sin pruebas previas y graduales; y, se comienza a operar desde Guayaquil, ciudad de su fundación. Sin dinero, y muchos de nosotros buscados por la dictadura, se nos obliga a realizar expropiaciones económicas, con las cuales se articula una pequeña infraestructura que permite darnos mayor seguridad y consecución de armas.

Las acciones político-militares otorgan un prestigio que llega a ser considerado con detenido interés en China y Cuba, estados socialistas distanciados por las divergencias ideológicas de la Unión Soviética y China, que pretendían el control de las sociedades y agrupaciones socialistas del mundo. Rivalidades en las que Cuba tomó partido a favor de la URSS.

El MIR casa adentro no era lo que se pensaba desde fuera. Internamente, algunos no acataban la disciplina y descuidaban la seguridad. Conto también con la colaboración de un haitiano y de varios venezolanos, lo que por el excelente nivel teórico del primero y por las experiencias prácticas de los segundos, nos permitía combatir de mejor manera; aunque no faltaron casos de peligros y delación.

Un venezolano, comunista del Frente Armado de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), con características de aventurero, fue el primero en organizar una recuperación económica en un banco. Pero esta no se llevó a efecto, icon gran felicidad!, porque aquel día, uno de los cuadros se presentó dentro del establecimiento en su puesto señalado, con un terno de lana negra-muy usado y con notorias arrugas que indicaban que nunca había sido planchado-, y con una camisa que le hacía sobresalir una punta del cuello.

El compañero mirista por su origen y convivencia popular, seguramente no pudo conseguir otra ropa, y pensó quizá que con esa estaría bien, sin imaginar que se constituyó en el centro de las miradas de los clientes de la entidad bancaria; por lo que antes de que se le acerque la Policía, el venezolano suspendió la operación. Pasados los años, este compañero resultó ser un hombre de fortuna, representante popular por elecciones, contrario a los postulados revolucionarios y comunistas, y, uno de los mejores movilizadores de masas de Guayaquil.

Si bien en el primer intento se falló, en el segundo se acertó, pero con tres variantes: fue otro banco, se dio sin la participación del antes dibujado y tuvo la inclusión de un agente policial. "El Chocado"-que siempre demostró indisciplina y fácil apertura-, integró al agente que se hacía pasar por comprador y vendedor de bicicletas robadas, que mantenía relaciones sexuales con dos hermanas, y cuyo supuesto nombre era el de Emilio. Por las discrepancias de seguridad y formas de trabajo de algunas unidades que degeneraron en sus comportamientos, algunos compañeros y yo, dejamos el MIR. Más adelante, supimos que las hermanas amantes viajaron a Cuba en representación del movimiento, que al famoso policía se lo aceptaba en calidad de comandante; y que otros desconocidos como las hermanas, representaron a esa organización en los foros internacionales.

Gracias a "el Chocado", el agente conoció algunos de los activos del MIR y una hacienda en donde escondíamos armas. Y gracias a la organización triangular-que de alguna manera funcionaba, y por los nombres de combate, el infiltrado no pudo identificar a muchos miristas; aunque eso no impidió que por lo de la hacienda, nos lleven presos tanto a mi como al "Polaco", con intereses familiares en la tierra donde trabajaba, y al "Flaco" con poco tiempo tras las rejas. También hubo órdenes de captura para "el Chocado", "el Ingenioso" y para "el Árabe", a quien sus padres lo enviaron a Beirut.

La vieja cárcel de la calle Julián Coronel, abandonada y sin ninguna función en la actualidad, fue por varios meses nuestra residencia. Del famoso centro de condena solo existe ya su antiguo edificio y las repetidas leyendas de fusilamientos de revolucionarios liberales, bragados y de pelo en pecho; sin que falten los mitos de terror y audacia de personajes del hampa que allí vivieron: "No te rías", "Balsa amarilla", "Chico Panamá", "El marinero", y varios más. Gente para la cual la pelea con puñal y tela envuelta en un brazo, no les resultaba extraña. Infernal lugar como la Penitenciaría del Litoral. Cárcel de dolor en la que un crápula con trabajo de guardián, mató al maestro carpintero Espinoza por ser comunista, sin importarle que el asesinado en su prisión política trabajaba en carpintería para mantener a sus familiares: mujer y menores de edad.

Por las infaltables gestiones de mis familiares más cercanos, y por la buena y gratuita defensa jurídica del Dr. Ángel Duarte Valverde, salí libre. Ya en libertad, junto a militantes de confianza, pensamos limpiar el MIR y darle vida revolucionaria; tal es así, que con los arosemenistas y a nombre del MIR, acordamos agitar la calle 9 de Octubre-con la presencia del Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy-, con la consigna de gritar:

"El hombre ya no chupa".

La finalidad era la de desvirtuar el error que las masas le señalaban al expresidente, muy dado al licor, lo cual reducía su prestigio de líder anti dictatorial. Si el Dr. Arosemena se presentaba, existía la posibilidad de entrar a la II Zona Militar, para con ese hecho simbólico dar inicio a la caída de la dictadura. El líder derrotado no apareció, y quienes queríamos hacer un nuevo MIR, nos dispersamos sin volver a discutir sobre el tema.

No volví a ver al "Polaco", quien afectado en lo personal, en lo económico y en lo familiar, jamás divulgó a compañero alguno; supo aguantar presidio como varón, con aquellos ojos azules tristes que no podían ocultar las gotas de dolor ernanadas en las noches, en que a los llantos de los presos no se los ve, pero se los siente. El "Polaco" demostró ser uno de los valores revolucionarios y de un amor inconmensurable para su patria, el Ecuador.

El MIR es una de las organizaciones del sesenta que todavía se mantiene. Es una "capilla" activa dentro de la legalidad democrática formal. Entiendo que aquel policía del relato no está en sus filas. Sin embargo, veo en sus jóvenes al antiguo y tan dañino sectarismo; y, las ideas que muchos olvidaron y que pocos no pueden abandonar, por constituir el sustento ideológico de todos sus días.

Diversas situaciones, como la de la dictadura de los triunviros que, ante el avance de las masas, se encontraba en la búsqueda de salidas democráticas: la de las cámaras de la producción de Guayaquil, en desacuerdo con las políticas económicas de la dictadura; la de las centrales obreras, direcciones estudiantiles, masas marginales y partidos políticos, franca oposición a todas las represiones y líneas dictatoriales anticomunistas, antidemocráticas y de entrega de concesiones de tierras petroleras, fueron factores determinantes para la salida de los dictadores, reemplazados por Clemente Yerovi Indaburu, designado por una junta de notables. Esta fue impulsada por Galo Plaza Lasso, hombre de respeto en los círculos de poder, con tradición de ejercicio democrático y de confianza de los Estados Unidos de América.

A Yerovi le sucedió en el poder el Dr. Otto Arosemena Gómez, elegido por una Asamblea Constituyente. El nuevo Presidente, además de los problemas propios de contenido político, económico y social, enfrentó toda una campaña electoral para la elección de Presidente de la República del Ecuador, en la que no podía faltar el eterno ausente radicado en Buenos Aires, Argentina: el Dr. José María Velasco Ibarra.

La actividad electoral tomó vigor y más intensidad con la llegada del "profeta" a la ciudad de Guayaquil, el 9 de marzo de 1968, polarizándosela contienda entre el Dr. Velasco y el Dr. Manuel F. Córdova, este último apoyado tanto por sus coidearios liberales como por los socialistas democráticos -liderados por el doctor Medardo Oleas Zambrano, y por el CFP mayoritario del ala de Assad Bucaram, Alcalde de Guayaquil.

El proceso electoral se encaminó. En las tribunas, los rostros conocidos y las posibilidades de un quinto velasquismo parecían una realidad. Ante esa situación, la juventud revolucionaria se pronunció por el voto nulo; pero el inefable auto candidato para cualquier elección popular en Guayaquil, el profesor de contabilidad Eusebio Macías Suárez, nos hizo cambiar de opinión. Entendimos que el hombre era él.

Eusebio Macías Suárez siempre se promovía montado sobre su bicicleta de parrilla, la que para algunos discursos barriales le servía también de tribuna. Este personaje, con el uso acostumbrado de ternos blancos u obscuros, sin corbata y camisas estampadas, solía portar un portafolio grande de cuero y dos rótulos de publicidad política amarrados en la parrilla y el manubrio de su vehículo de dos ruedas en los que se leía: "Las masas morenas con Eusebio" y "Eusebio, para qué más". Así, resultó el candidato.

Este balzareño con varias mujeres y veintitrés hijos, de tez morena, bajo de estatura y un poco pasado de libras -asentadas en su barriga, de pelo lacio y pómulos salientes, frente amplia, ojos pequeños e inteligentes y de sano corazón, fue nuestro candidato y el de miles de estudiantes de la Universidad Central de Quito, conducidos por el talentoso universitario manabita Adriano Giler, creador y fundador del Movimiento Cibernético Sicodélico Unificado, en respaldo de la candidatura presidencial de Eusebio. El profesor causaba risas: aunque en una elección, salió electo Concejal de Guayaquil. Un voto protesta lo llevó al municipio porteño.

Eusebio, como buen asistente de las galerías de los cines, junto con los espectadores pobres, sufría con la falta de ventilación y servicios higiénicos en esos lugares, por lo que, desde su curul municipal, consiguió que se instalen ventiladores y baños en todas las galerías carentes de ellos. Las obras, entre bromas, fueron aplaudidas y como reconocimiento a su labor, un guayaquileño le regaló un automóvil de segunda mano. El carro no pudo usarlo por mucho tiempo; tuvo un accidente, en el cual murió su eterno secretario particular, de pequeño tamaño y gran joroba. Eusebio volvió a su bicicleta. El "profeta del suburbio" crecía en simpatía; era una fiesta contra las caretas tradicionales de la política ecuatoriana.

En Quito se lo recibió al mediodía con cientos de bicicletas y velas encendidas, portadas por decenas de miles de manifestantes; no había pueblo donde no fuese recibido por multitudes. El trabajo del candidato era tan intenso, que algunas veces olvidaba sus necesidades orgánicas. A veces solo comía galletas y bebía agua.

En una oportunidad, antes de llegar a un pueblo, hizo parar a la camioneta para poder defecar, y se internó en el monte. Pasaban los minutos y el profesor no se levantaba, por lo que se le indicó que el pueblo lo estaba esperando. "Bueno, pero manden un papel que olvidé traerlo", gritó Eusebio. "Profesor, tiene que ser con la hierba nomás, porque no hay papel", alguien le comunicó. Eusebio entró al pueblo, y las millares de manos que estrecharon la del candidato no se percataron del olor a hierba que emitía el presidencial de las masas morenas.

El coordinador de Guayaquil, Julio César Moncayo Freire, junto con el Director Provincial de los Ríos, Cicerón Ordoñez Castillo, prepararon un recibimiento en Babahoyo, capital de la provincia de Los Ríos. Cuando se presentó Eusebio, oleadas de habitantes salieron a respaldarlo; niños, viejos, hombres y mujeres, dejaron sus casas y barrios para ver a Eusebio. En aquellos días, en Babahoyo corría una mala noticia: un vampiro estaba matando niños y animales e incluso gente mayor. El pueblo se encontraba angustiado y temeroso. Nosotros le informamos a Eusebio del particular, y él lo comprendió.

Desde la Municipalidad frente al malecón, ante el pueblo, ofreció industrializar las gallaretas-aves comestibles que abundan en la zona- y sentenció: "¡Pueblo babahoyense, duerme tranquilo que con la llegada de Eusebio, huyó el vampiro!". Hubo un torrente de aplausos que pudieron ser escuchados en muchos kilómetros a la redonda, y como para asombro de todos, nunca jamás se volvió a saber del vampiro.

Eusebio era el voto masivo de los ecuatorianos hostigados de los politiqueros; sin embargo, en el trabajo promocional a favor del candidato, ocurrió un hecho fuera de programa. Francisco Mármol Avilés y "Coquín" Alvarado Loor consideraron, por propia inspiración, que había que esconder al profesor, para despertar mayor publicidad y conseguir más votos. Con cierto engaño, obsequiaron a Eusebio una gaseosa con una sustancia que causaba sueño inmediato. La idea -concebida en son de broma y buenas intenciones electorales-, casi produce la muerte del contador; y la bola que pensaron hacer rodar, sobre un supuesto secuestro de Eusebio por parte de sus enemigos, no dio el efecto esperado ni la pudieron lanzar.

Eusebio tenía alguna enfermedad que le impedía ingerir determinados químicos, y por ello sufrió gravemente. Gracias al Presidente, el doctor Otto Arosemena Gómez, y al cuidado de buenos médicos -todos ellos con detenida preocupación, el profesor se recuperó; y, los izquierdistas de la idea fuera de plan, así como los que nos conocían como organizadores de la campaña, nos libramos de tener a la masa sobre nosotros.

El velasquismo sintió decrecer ante el peligro electoral que Eusebio representaba. Hablaron con él, y Eusebio Macías Suárez retiró su candidatura. Que investiguen los interesados cómo fue el acuerdo; pero si los avispados velasquistas no advertían el fenómeno, me atrevo a sostener que el Ecuador hubiese elegido a un Presidente "Cibernético Sicodélico Unificado",

Desde el aeropuerto internacional, Ystor emprende viaje con Beatriz.

-Guayaquil es otra ciudad, no es la que recuerdas.

-Debe ser...

-¿Café, mineral, licor? -ofreció la azafata. Beatriz e Ystor pidieron tinto.

-Te parecerá extraño, pero tengo intensos deseos de ver a Inti, quiero conocerlo bien.

-Tendrás suficiente tiempo. Cuando pisemos el aeropuerto, entre marinos uniformados, personal de aviación civil, policías aduaneros, cargadores, perros, vistas, agentes de la DEA, de la Interpol, viajeros, ruidos y desorden, busca un caballero como te lo describí, vestido con camisa o cotona de infaltable cuello tipo Nehrú. Ese es Inti.

-Ok.

-Veo que todavía llevas los escritos del amigo.

-Sí, aún no terminé lo referente a la organización AUSHIRY, y quiero leerlo en este viaje.

 

-Perfecto, así aprovecho para dormir un poco. El relato de Inti continuaba ante los ojos de Beatriz, quien no debía hacer esfuerzo para mantenerse completamente despierta y atenta a lo relatado.

En mi lucha intensa, había subestimado la valoración del tiempo como una inteligente invención humana de orientación, para conocer edades, diferenciar etapas y controlar tareas. Me pregunté el para qué de una década. Decidí volver a los estudios universitarios, y cumplir con las formalidades que adornan el amor de hogar.

-La guerra contra la pobreza solo se termina con la desaparición del capitalismo. Y en el Ecuador no hay que darle cuartel a los hijos deputa del velasquismo, porque de lo contrario, vuelven a cargar con el país-sostenía Homero con espíritu persuasivo.

-Rotamos sobre lo mismo y ni un milímetro avanzado.

-La guerra es mundial, otros pueblos están imparables, y nosotros asimilamos experiencias que no se obtienen con facilidad.

-Es verdad, pero experiencias, ¿y poder?

-No te desanimes, la confianza que inspiras y lo aprendido con tantas dificultades no lo tiremos por la borda. Con las masas alcanzaremos el poder.

A pesar de las discusiones que mantenía con Inti, Homero mantenía con él una buena comunicación: fraterna y leal. Inti lo respetaba por su valentía, inteligencia y chispa creativa. Y en esos momentos le prestó oídos.

-¿Y las armas?

-De alguna manera las obtendremos. Hasta inventando cuento como con Velasco.

Sobre aquel cuento, Beatriz empieza a enterarse sin poder esconder ya una ansiedad de encontrarse nuevamente con una historia peculiar y no carente de inventiva, humor y sorpresas.

Homero se refería a la entrega de armas que a un grupo de compañeros nos hizo el velasquismo, con el visto bueno de Velasco Ibarra. Precedidos por el prestigio de dirigentes estudiantiles y luchadores, buscamos contactos para hablar con Velasco sobre el momento político, la importancia de su figura como el conductor con vigencia nacional, y la necesidad de impedir que la Asamblea Constituyente vote por un Presidente que no sea el doctor José María Velasco Ibarra.

Con fina atención nos recibió en Quito el Dr. Velasco, acompañado por uno de los velasquistas más queridos de los sectores suburbanos de Guayaquil-exalcalde y de ingrata recordación por los episodios acaecidos el 6 y 7 de noviembre de 1961-; con ellos, un desconocido con pinta de burgués y su fiel chofer.

Velasco escuchó nuestros enfoques y su emoción fue muy notoria. Habló de la juventud, de las incomprensiones, de la falta de visión de la izquierda ecuatoriana para poder aprovecharlo, y de que él era la única persona idónea para gobernar. Aceptó la propuesta de que se nos entreguen unas cuantas armas cortas, para que con discursos, balas y bombas confeccionadas por nosotros, se impida la elección del oligarca que siempre denunciaba a Velasco, sin nombrarlo jamás.

Felicitamos al doctor Velasco Ibarra por su comprensión, pues ya era tiempo de que los estudiantes no solo luchen con verbo y puño, como lo destacamos en las intervenciones. Aquel líder, para nuestra sorpresa, ordenó que trajeran whisky y se sirvió, sin detenerse, una buena porción de trago, para demostrar su contento y sellar el trato.

Como muchos ecuatorianos, nosotros teníamos la idea de que Velasco era abstemio, pero no lo era. Ya de camino, cuando el chofer nos llevó a la ciudadela universitaria, este conversó que a su jefe solamente en situaciones de gran alegría le gustaba servirse un poco de un buen licor, y que le habíamos causado una grata impresión.

En la famosa reunión estuvimos "el Chocado", su compañera, "Niño Bajo" y yo. Se acordó además que el dirigente del velasquismo guayaquileño, entregaría las armas a "Niño Bajo"; y, que la señal de agitación en el Palacio Legislativo se iniciaría con una sonora bomba. Los velasquistas estarían alerta, y junto con los estudiantes haríamos fracasar el acto democrático.

Las armas fueron entregadas. "Niño Bajo" se quedó con las mejores, y sin dar cara nos hizo llegar cinco revólveres viejos y algo dañados. Con el cuento de obtener aparatos bélicos para simple uso personal, el único que salió ganando fue "Niño Bajo".

A pesar de todo, el haber conseguido engañar al más grande e inescrupuloso demagogo que ha tenido el Ecuador, constituyó algo de ganancia. En el Congreso no hubo nada anormal. Otto Arosemena Gómez salió electo Presidente, y seguramente los velasquistas todavía esperan que explote la bomba.

AUSHIRY

-¿Entonces pelear de nuevo?

-Claro que sí.

Conocido que el fenómeno del quinto velasquismo era una realidad a la vista, y que con este volverían las multiplicadas riquezas amañadas y las recuperaciones de quiebras económicas fraudulentas. Con energía volitiva, que jamás nos faltó, y con una mejor comprensión de los actores sociales y de la dinámica social, en Guayaquil -en 1968-, decididos a seguir dando candela, formamos AUSHIRY.

La primera reunión fue entre cinco compañeros; podíamos haber sido muchos más, pero en ese momento no era necesario. "Río Vivo", "Palestino", "Jacobo del Mar", "Dantón" y yo, en el lugar señalado y a la hora convenida, asistimos con nuestra acostumbrada puntualidad. Las discusiones, ricas en experiencias y en creatividad, aportaron algunas conclusiones. Entre las más importantes: designar al movimiento con el nombre de AUSHIRY-destacado por un profesor de Antropología, y definido con las connotaciones de pueblo guerrero o señores de la guerra-; enmarcar nuestra acción en la concepción socialista, pero adaptada a la identidad cultural ecuatoriana; establecer metodologías diferentes a las estalinistas, a las que calificábamos de falsa izquierda; libertad de cultos; autofinanciamiento; y, delineamientos generales de seguridad basados en la fórmula 2AC que es igual a aspirante, activo y combatiente.

Muchos de los puntos anotados se ampliaron en la segunda reunión y en ella se determinó también un símbolo, configurado como el del sexo masculino, pero con el vector recto hacia arriba, y conformado por nudos de color amarillo sobre un fondo rojo. Los nudos representaban a la jerarquía y la estructura orgánica funcional de AUSHIRY.

Los nudos eran una adaptación de los quipus incásicos y de la cultura ecuatoriana de los cañaris.

Junto con el símbolo creamos el eslogan: iSalve, oh Patria, triunfaremos!

El movimiento comenzó con trabajo clandestino en un centro de alfabetización, ubicado frente adonde se dio la famosa Convención de la URJE. Los fundadores solíamos ir muy contadas veces a dicho centro alfabetizador y cuando lo hacíamos, entrábamos a una pieza contigua al salón de clases. Aquel centro sirvió tanto para enseñar a leer y escribir, como para reclutar estudiantes y habitantes pobres de la cuidad. Un detenido seguimiento a sus conductas, historias personales y pruebas encomendadas, nos indicaban la certeza o inseguridad que representaban como posibles aspirantes.

En AUSHIRY, los cuadros-en sus diversos niveles-, estudiábamos la ciudad, los movimientos de la oligarquía velasquista, y los de la seguridad y represión; las unidades financieras, los aspectos históricos, sociológicos, culturales, políticos y económicos del Ecuador. No dejábamos de discutir los sucesos de la política nacional y mundial.

También las experiencias ecuatorianas y la de otros pueblos del mundo, en torno a sus acciones de guerras revolucionarias.

Las luchas de Beguín en Israel, las fuentes del "Che" Guevara, las tesis de Võ Nguyên Giáp, de Mao Tse-Tung o de los Tupamaros; los hechos revolucionarios de Colombia y Brasil, la Guerra Civil Española, las incidencias del General Bayo, y Mi lucha de Hitler, eran entre otras, nuestras nutricias militares en sus enfoques teóricos.

AUSHIRY creció. "Río Vivo" integró a la casi totalidad de líderes y asociaciones estudiantiles de los colegios fiscales y de unos pocos particulares. En la URJE, el elemento femenino era minoritario, del cual la mayoría era de militancia comunista; en AUSHIRY, la cantidad de mujeres era considerable y de gran operatividad. En un accidente no intencional, una empleada del objetivo atacado, salió ligeramente quemada por la bomba incendiaria; la prensa, como siempre, abundó en detalles y no pudo desestimar la entrega de un ramo de rosas, llevadas por compañeras a la accidentada, a la que se adjuntó una tarjeta de AUSHIRY ofreciendo disculpas.

Nuestra estructura siempre cuidó de que los inocentes no fueran tocados: era una norma del movimiento en la que poníamos mucho celo. La financiación se mantenía con el aporte de los miembros, y en especial de un grupo de clase media alta y de un aspirante burgués de sector social millonario, a quienes "Jacobo del Mar" -combatiente que se distinguía por su inteligencia financiera-, incorporó.

Por informaciones indirectas, sé que "Jacobo del Mar es ahora un empresario de éxito en Europa: comportamiento diferente que, con el tiempo, han puesto de manifiesto numerosos exrevolucionarios.

Cuando AUSHIRY consideró la importancia de comenzar acciones urbanas, sin descuidar exploraciones en las zonas de montaña-donde sabíamos que se asentaría la guerra-, ya poseía una infraestructura de refugios, lugares para guardar armas, laboratorios para la fabricación de bombas (especialmente de impacto), y sitios para hacer propagandas impresas y de pintura, con instrumentos muy rudimentarios, por cierto.

La Policía, los grupos de seguridad y los revolucionarios conocen que las acciones político-militares son sobre todo actividades de inteligencia; con ese principio estábamos organizados. La compartimentación, triangulación, nombres supuestos, disfraces y otras formas de trabajo para la seguridad, constituyeron una garantía para los aushirys. Era difícil o imposible, en algunos casos, determinar quiénes eran del movimiento y cuáles sus formas de trabajo.

La decisión juega y es un factor importante, pero la valentía se pierde si no tiene respaldo de inteligencia. En el corto espacio de vida política, AUSHIRY realizó reconocidas acciones, entre ellas: la operación "Remuévanse las frutas": bombas de humo activadas en varias agencias de una firma bancaria de la ciudad.

Sobre esto, dos compañeros improvisaron parte de su trabajo. A uno se le saltó de la mano la bomba que debería dejar un metro más adelante; ante lo cual, con buen reflejo y valor, la impulsó con la rodilla, y gracias a lo cual el artefacto llegó justo al lugar establecido. Otro combatiente, al ver que en el sitio indicado no se podía llevar a cabo la acción, porque el estruendo ocasionaría la ruptura de unos vidrios y heriría a varias personas, fue a la gerencia con su porte de ejecutivo, de elegante traje y maletín; pidió audiencia para hablar con el gerente del banco, y también solicitó el baño a la atenta secretaria. En aquel lugar dejó el encargo, y al salir no olvidó poner seguro a la puerta, para cuidar la seguridad de los presentes.

AUSHIRY también decretó la paralización del centro de Guayaquil; y aquello duró cinco minutos. Con cañas secas, rellenadas de químicos de rápida inflamación y camufladas como rollos de linóleos -que trasladamos en vehículos de aushirys y otros alquilados-, como buenos cargadores las pusimos y cerramos las calles céntricas, convirtiéndolas en serpientes de fuego y humareda. Algo parecido se hizo en la empresa eléctrica; allí se tiró sobre una pared del edificio, botellas con tinta roja, en protesta por el elevado costo de la energía.

Todos los actos de AUSHIRY tuvieron siempre una explicación política. Se peleaba por la justicia y por razones ideológicas, mas no por interés personal o por resentimiento social.

En la paralización del casco urbano, un caballero muy elegante, con perfume fino, terno y corbata, situado cerca de "Dantón", quiso gritar. Advertido del intento, con rapidez salté detrás de él, le puse dos dedos en la espalda, ordenándole con tono enérgico que se callara. El sorprendido señor aceptó la orden. "Dantón" ya había desaparecido, y de inmediato yo, a paso ligero, me perdí también entre la multitud y la sorpresa de los transeúntes. "Dantón" nunca dejó el saco y la corbata; era increíble verlo vestido de cargador como todos nosotros. Si sus vecinos del barrio lo hubieran visto, seguro que lo expulsaban de la zona residencial.

AUSHIRY sonaba y cubría nuevos espacios en otras provincias; publicidad fue lo que menos le faltó, pues en varias oportunidades los aushirys aparecieron en las pantallas de la televisión sin dejarse identificar. De alguna manera, había un acuerdo con los periodistas de la televisión para que en los enfoques y tomas no se capten rostros, lo cual supieron cumplir, aunque nosotros antes de los operativos sabíamos dar formas diferentes a nuestras figuras.

Según se pudo conocer un escritor, norteamericano muy leído en el Ecuador, calificó al movimiento de peligroso. Si hubiera sido verdad la afirmación del comunicador social... pero se equivocaba. En la etapa que estábamos, AUSHIRY no constituía peligro alguno para el poder dominante; las diferencias cuantitativas y cualitativas entre los aushirya y el poder gobernante eran abiertamente notorias, realidad que reconocíamos.

La nos publicidad sobredimensionó; publicidad con la que nunca estuvimos de acuerdo el "Palestino" y yo. "Palestino" en sus tareas jamás usó los medios publicitarios; cabe como ejemplo la llamada "Operación leche", dirigida por él y realizada con la participación de tres mujeres. Capturaron un carro repartidor de leche, y luego la distribuyeron en un territorio al cual se estaba penetrando. Sobre esto se cuenta que por susto o ante la audacia de las tres mujeres, el chofer y su ayudante se prestaron también para repartir. En la prensa nada se informó de aquel interesante suceso.

Como es de imaginarse, las secciones del movimiento AUSHIRY, con sus respectivas compartimentaciones tenían bastante autonomía en sus áreas; pero ante la necesidad de mayores ingresos, todas ellas eran de la opinión de hacer expropiaciones, y se determinó que la primera recuperación económica debería estar bajo mi responsabilidad, porque con ese ejemplo, se estimularía a otros combatientes a realizar iguales actividades.

Acepté lo resuelto. Repasamos algunos objetivos que habían sido ya estudiados. Escogimos el dinero de la gaseosa que da "chispa a la vida", el cual era recogido por un carro blindado. El equipo fue formado con dos choferes de calidad: "Homero" y" el Japonés". Aquello que en ciertas ocasiones no deja de aparecer se hizo presente. "Homero" por razones individuales y de orden pragmático, decide abandonar el movimiento y dedicarse a producir dinero. "Homero" nunca conversó lo que él sabía y mucho menos nos delató. El amigo persuasivo como lo suelen hacer algunos deshonestos-, jamás apareció como revolucionario siendo capitalista. Y el "Japonés", rompiendo su aceptación, con llanto pidió relevación por otro trabajo.

Mi intuición y las deserciones me anunciaban que suspenda; no les presté atención y decidí hacerlo. De la más débil sección saqué un chofer, y el otro saldría al azar cuando se reciba el dinero para cambiarlo por el uso de un automóvil de alquiler.

En el sitio de espera puse un refuerzo que enfrentaría cualquier persecución a los expropiadores directos; acordé con un compañero que si se volvía necesario, nos llevaríamos un vehículo suyo, que este solía aparcar por el lugar. No sucedió nada anormal y no hubo necesidad del refuerzo; mas el chofer falló, porque se le había instruido que si no era necesario presentarse como persona asaltada y usada por los supuestos asaltantes, debía seguir trabajando unas horas más en el automóvil que con cierta irregularidad alquilaba para trabajar.

La ubicación que tenía el carro en el momento de la expropiación en donde se embarcaron los compañeros, y dada la forma en que lo hicieron, tornaba casi imposible que los expropiados y los extraños se dieran cuenta de los detalles del auto transformado. Hicimos lo acordado: nos subimos a un automóvil como simples pasajeros que se dirigen a una dirección determinada, para de inmediato cambiar a otra. Pero el improvisado conductor fue a entregarse ante un policía que lo llevó a la Comisión de Tránsito y luego a la pesquisa.

Al principio dijo desconocernos y detallaba rostros diferentes, hasta que dos voces conocidas, de manera oculta y por teléfono, dieron mis nombres; voces de seres de bajas pasiones que por el odio simple, solían denunciar.

"A lo mejor fueron los mismos que determinaron las muertes de Milton Reyes y otros comunistas", me dijo un día un oficial de policía; y, en verdad, no sé por qué me dio a conocer tal sospecha. El chofer después de unos pocos golpes aceptó mi participación, porque en realidad era al único que conocía.

Este pobre hombre, descendiente directo de las culturas andinas, humilladas y sacrificadas por muchos siglos, en una ocasión anterior también había denunciado a unos urjistas. Mi falla en el reclutamiento y la de la sección que lo incorporó, y el querer que mi voluntad se imponga sobre los presentimientos anunciados, trajo consigo prisión.

Por información y por unos datos periodísticos de la tarde, comprendí que la Policía me buscaba. Por la noche dormí en un refugio; al día siguiente, me encontré por casualidad a un conocido, a quien le pedí que me acompañase a la casa de un activo, desconocido para él. Para mi sorpresa, las calles que rodeaban la casa del compañero contaban con la presencia de pesquisas; traté de salir del cerco, pero me fue imposible. En el intento de escape, alcancé a botar cierta cantidad de dinero que podía servirles de prueba, y no pude usar una pequeña pistola por la rapidez de los agentes, quienes iban acompañados de ametralladoras y gozaban de buena ubicación.

Quienes me capturaron, revestidos de su conocida prepotencia, no paraban de insultar y proferir toda clase de amenazas dentro del auto de alquiler que detuvieron para llevarnos presos. Me sentí mal por tantos insultos a la madre y rompí el silencio. "Longos hijos de puta, los voy a enjuiciar", les gritaba. Hubo cruce de improperios y dentro del Cuartel Modelo de la Policía, uno de los pesquisas en tono histérico vociferó: "Nos van a enjuiciar dice el maricón".

Después vinieron los golpes frente al chofer delator; tras esperar a que bajasen al amigo colgado, y ocupar luego mi turno en la famosa guindada de los pulgares. Mientras tanto, en el dormitorio de la tropa, con gruñidos elevados y golpes de agentes y policías, vino la orden para que pararan. El oficial jefe del grupo torturador, obligó a uno de los cerdos a que me devuelva los doscientos sucres sacados de uno de los bolsillos del pantalón.

Fui llevado a las oficinas del director de investigación, llena de periodistas que esperaban conocer y oir al preso, presentado como trofeo. Aproveché la situación y denuncié las torturas mientras enseñaba una herida de la pierna izquierda, que todavía conservo en calidad de cicatriz. Mi comportamiento no le gustó al director y dio por terminada la audiencia.

Las continuas investigaciones, con disimulados buenos tratos e incontables violaciones a los derechos humanos -desconocidos y despreciados por la mayoría en aquellos tiempos-, me llevó a pedir en silencio al Dios de mi creencia, morir con las botas puestas sin traicionar a nadie.

Descubrí que el subinspector responsable de la investigación que tanto daño me ocasionó -un individuo del color de los indígenas de nuestros Andes- era torpe, nervioso, violento y flojo. Y construía partir de ello, un cuento que detuvo la tortura del imitador de agente extraído de las películas del cine norteamericano.

-Quiero los nombres de los otros.

-No los conozco.

-¿Hasta cuándo los ocultas?

La respuesta quedi, fue el cuento de que "Simón Del Pozo", un colombiano con quien mantenía amistad desde hacía pocos meses atrás, me había propuesto intervenir en la expropiación para la formación de un grupo revolucionario, y que como tal no era necesario conocer antes de la operación a los otros complotados. Añadí que después de la acción, nos separaríamos para más tarde, en la Ciudadela Universitaria, volvernos a reunir y tratar sobre el trabajo.

Se me pidió los rasgos físicos de "Simón Del Pozo", y lo retraté como me dio la gana. Estudiantes colombianos y muchos hermanos del pueblo del Norte, sufrieron la represión de los "talentosos" investigadores. Como puede comprenderse, sindiqué de manera falsa a un colombiano, aprovechándome del prejuicio que los policías les tenían y por la fama que en el Ecuador habían dejado tres o cuatro delincuentes de ese país, que por otra parte siempre ha merecido el cariño y el respeto de todos nosotros, sus hermanos ecuatorianos. Debo reiterar mis disculpas por el maltrato que pude con aquello provocar a los vecinos colombianos, quienes junto a los ecuatorianos pelearon bajo la bandera de Bolívar por el sueño de la Gran Colombia.

En Chile, lejos ya de la penitenciaría, me llegó un Registro Oficial en el que se hacía conocer la baja dada al subinspector del cuento. ¿Qué clase de talante habrá tenido aquel sujeto para que la institución policial lo expulsara, y aun dentro del mismo régimen velasquista? Seguramente sigue buscando a "Simón Del Pozo".

Antes de la recuperación económica, y frente al caso de que alguien resultara detenido, decidimos: no mencionar a AUSHIRY, no perder el control y por último, echarse solo uno el muerto sin embarcar a nadie.

Cumplí con lo prometido: negué conocer al chofer, y repetí la inocencia del amigo. El traidor cayó en varias contradicciones: me acusaba y en otras declaraciones decía que había sido obligado por la fuerza a sindicarme. El inocente salió libre, y al traidor le dieron igual condena. Para nuestra felicidad no nombró a AUSHIRY.

-¿Qué dices de la lectura?

-Trágica.

-Es verdad... en esos años el mundo vivió entre tragedias y esperanzas, y los próximos, como sabemos, serán de cuidado. Voy a pedir un café. ¿Te pido algo?-terminó de hablar Ystor y llamó a la azafata.

-No, gracias.

En la Penitenciaria del Litoral -que debe ser una muestra muy representativa del infierno-, mi pareja, mi madre, mis familiares, mis amigos y compañeros, sufrían vejaciones y falta de consideración durante sus visitas. Se trataba de situaciones impulsadas por malévolos personajes que buscaban ganarse la simpatía de los velasquistas, tal como lo buscaba uno de los arrastrados oficiantes del proceso judicial, que cumplió al pie de la letra todo lo que le ordenaron.

Yo aceptaba los azares de mi condena, pero aquellos tratos a mis seres queridos y familiares, me ponían mal y decidí llamar a "Durruti", para que visite al arrastrado oficiante y haga un seguimiento a los que controlaban el penal. "Conocemos los movimientos hasta del Ministro de Gobierno"-me respondió-, "pero una acción contra alguno de ellos, sería peligroso para ti". Discutimos el asunto y le mandé a decir que había que sentar precedentes, así corriera peligro mi vida. Así, con algunas "advertencias", quienes me querían procesar, lo pensarían dos veces.

Ordené a "Durruti" que visitara la casa del malévolo e hiciera sentir la fuerza y nuestra falta de temor a los verdugos. Por ser propaganda en contra, procuraron que la prensa silencie algo de lo sucedido. En una pequeña reseña se anotaba que una bomba había explotado en la casa del oficiante, sin brindar mayores detalles.

La cosa fue diferente. En el objetivo había una fiesta con finos licores, peinados de peluquería y adornos de papel; al lugar llegaron dos que no fueron invitados: "Durruti" y "Pato en el agua". Su visita fue corta. Después de ella, volaron puertas, ventanas y lámparas; se viraron las rejas y se afectó un automóvil. El director del penal con su acostumbrada hipocresía se volvió atento con mis visitantes, y el proceso prestó mejor atención a mi talentoso defensor.

Lo acontecido corrió por "radio rumor". Compañeros del barrio donde vivía el retratado oficial, frente a la villa que alquilaba, escribieron una leyenda con la firma de AUSHIRY. El sujeto, a los tres días, resolvió cambiarse.

Creo que todavía vive el preso al que le ofrecieron una gratificación para quitarme la vida, y que se negó a hacerlo; aunque luego probaron por medio del envenenamiento. La comida que un familiar me llevó, fue recibida por un pasador, a quien obligándolo o por distracción, le alteraron los alimentos. Calcularon que por la noche tendría fuertes malestares en el estómago, y como a esa hora todos los presos están encerrados, yo no obtendría ayuda y amanecería muerto.

Dios quiso que todavía viviera. Entre los dolores, pasó despidiéndose un interno que era amigo y al que permitían dormir en Pascuales -un pueblo cercano a la penitenciaria-. Le entregué dinero para que regresara con un doctor y los remedios recomendados por un vecino que estudió medicina o por lo que sugiriese otro profesional.

Las conversaciones se hacían en voz baja a través de las ventanillas del exestudiante y la mía, las que aquel amigo abrió desde el corredor por el cual no tenía inconveniente en pasar, cuando se iba a despedir. Mi botiquín carecía ya de medicamentos porque los había obsequiado previamente. No obstante, el enviado regresó con gran rapidez, sin médico pero con las medicinas, justo a tiempo.

AUSHIRY nunca me abandonó; pero las diferencias personales y los cambios estratégicos me fueron apartando del gran poder de decisión que llegué a tener. Algunos justificaban la conducta diferente, pues al haber estado preso y por seguridad, era mejor que manejase información general y que mis criterios y órdenes fueran discutidos, consensuadas y resueltas por un mando colectivo. Encontré no tan fuera de razón lo dicho por muchos de los dirigentes, y sin sentirme contrariado me ponía a pensar que en realidad había que tomar cierta seguridad, y velar por mi integridad física y psicológica. Argumentos de los compañeros que consideré de mayor valía, cuando en una revista de circulación nacional, se daba a conocer en una corta información, sobre una posible fuga mía con acciones directas de los aushirys.

Cuando leí a Philip Agee sobre la CIA en el Ecuador, comprendí muchos de los sucesos no claros que habían ocurrido en nuestro país, También recordé que durante la visita que el agente de la CIA en la URJE realizó junto con un conocido revolucionario entusiasta propagandista de lo ocurrido en Mayo de 1968 en París, lo que más les interesaba era conocer los pabellones del presidio y sobre todo el que yo ocupaba.

Lo relatado, si la memoria no me falla, se dio paralelo a los datos de la revista y antes de que Velasco se declare dictador. No creo que el intelectual andaba en la jugada, pero el agente sí. A lo mejor buscando una patraña más que ayude a justificar el golpe. El velasquismo y con toda seguridad la CIA, siempre explotaron mi prisión. Algo se traía entre manos el rufián; pero él y los líderes del velasquismo no estaban enterados de que AUSHIRY, gracias a sus estudios y seguimientos, conocía cuál era la casa de citas que al Ministro de Gobierno le gustaba visitar, con quién se acostaba y hasta el cuarto que usaba con la amada prostituta. Si me hubieran eliminado-sin jactancia- los aushirys, sin descuidar los perros, les daban a las cabezas.

Dicen que las desgracias se suceden una tras otra; conmigo fue así. Además de algunas de las relatadas, no puedo pasar por alto, el robo, de una parte del dinero adquirido por el abogado "Dr. Raposa". La tarde del día de la operación, levé ochenta mil sucres al "Zorro" para que los guardara y en su oportunidad reclamarlo. El "Zorro" se lo conversó a "Raposa", y este lo convenció para que fuese él quien guardara la moneda en su lugar, con el argumento de que parte de ella se gastaría en la defensa.

El "Dr. Raposa" solo presentó unas líneas en las que yo autorizaba su defensa, y el rodar de unas lágrimas cuando me vio dentro de las rejas. El "Zorro" pidió devolución y "Raposa" justificó el robo en gasto de honorarios. Lagarto que traga no vomita. "Raposa" un cojo, borracho de cantinas de mala muerte, era fácil, muy fácil de castigar; pero la cercanía familiar que tenía con un oficial de poder en la Marina, hizo detener cualquier acción de justicia contra él.

Otro hecho, que sería imperdonable no escribirlo, es el de aquel funesto día, en que sin saber el porqué de mi tristeza, llegó hasta mi celda un médico amigo, a cuidar mi ánimo por la fatal noticia que decidió darme. Rosario del Carmen Romero Bolaños, mi señora, había fallecido, llamándome por mi nombre previo al viaje sin retorno, a la transmutación fractal de rosa luz en alguna onda sideral. El fallecimiento de ese ser noble y bondadoso, en la realidad cósmica tendrá eterna existencia de dolor. Duro golpe a un utópico. Hay que sentir y vivir la utopia, para saber lo que es la frustración de querer hacer y, aun entregando libertad y vida, no poder. Abogado, amigos y familias consiguieron permiso para viajar a Babahoyo, al velorio y sepultura de "Charito", el que fue acompañado de guardianes, parientes y solidarias amistades. En un instante oportuno, entre la cantidad de gente agolpada al pie de la casa -que despedía un ligero tufo a aguardiente-, se acercó "Durruti" con "Pato en el agua" y me informó que treinta aushirys querían tomarse la cuidad después del sepelio, y que estaban en condiciones de controlar a la Policía. Ellos consideraban que mucho pueblo se les sumaría y que los testaferros del velasquismo debían ser pasados por las armas. "Los compañeros esperan tus órdenes", terminó diciendo. Yo a su vez le hice dos preguntas.

-¿Están los caciques velasquistas? Y pasada la toma, ¿a dónde nos vamos?

-Los caciques que interesan no se encuentran, serán buscados más adelante y terminadas las acciones, contigo y diez más, nos iremos al campo; el resto regresará a Guayaquil.

Veté la propuesta, mandé a explicar que pronto saldría en libertad, y que constituía un salto peligroso. "Durruti" se retiró llevando el mensaje en compañía de "Pato en el agua", quien era un hombre de río, pescador, de pie plano y muy hábil en el manejo de la dinamita. Este bravo combatiente viajó luego a Colombia a trabajar en las minas de esmeraldas.

En el mal llamado Centro de Rehabilitación Social, cambiaron al director; en su lugar tuvimos al exjefe de la pesquisa. Por fortuna, su trato fue cortés conmigo y con "Locoto"-revolucionario de un grupo diferente que cayó preso después de una acción, militante de una extraordinaria hermandad y de gran valentía-.

El nuevo director me prestó muchas clases de facilidades, y cuando lo reemplazaron con otro oficial de rango superior, no olvidó dar buenas recomendaciones en mi presencia, las que en su momento surtieron efecto.

Velasco se declaró dictador, y al poco tiempo obtuve la boleta de libertad; pero un subinspector se negaba a dejarme salir. Se contactó al jefe al cual se me recomendó, quien sin vacilar le ordenó al subalterno que cumpliera con lo dictaminado por el juez.

Reunido nuevamente con la dirigencia, se resolvió que viajara a Chile, para que relacione al movimiento de manera internacional y pasado un año, regrese a liderar de manera directa a la organización. Lo que se determinó fue aceptado; pedí, además, que me dijesen con toda claridad, porqué la prensa sindicó a la estructura como autora de los desvíos de aviones del Ecuador hacia Cuba. Me respondieron que por su propia voluntad, y sin estar avisados sobre su determinación, solo un aushiry voló, mientras que algunas emisoras radiales, recibieron dos llamadas quese tomaron el nombre de la organización, y así empezaron a dar noticias falsas. Imaginamos quiénes fueron y en tanto yo estaba en prisión, esas llamadas buscaban hacerme joder.

En América, a partir de la segunda mitad del siglo XX -después de los sesenta-, estar preso por ser revolucionario constituía recibir toda clase de tropelías, ya sea en las concepciones nacionalistas o socialistas con estrategias de democracia formal, o bien por la vía de las armas.

Con el capital imperial, los nuevos encomenderos y sus arietes de ocupación, arremetieron. Los que fueron prisioneros en el continente lo saben, y la historia lo confirma. Pero pocos casos se vieron de los que, con caretas y reclamándose contrarios o enemigos del sistema capitalista, embistieran con bajezas a quienes orientaron los cambios humanistas con respeto a la vida, y los persiguiesen para que sufran cárcel.

Hay varios ejemplos de quienes sufrieron dichos ataques en Ecuador: yo soy uno de ellos.

"HAY ALGUNOS DETALLES QUE SE DEBEN INVESTIGAR. En general el comentario público es querer saber dónde estará el dinero. El dinero y si es verdad que Montero (a) Cocaroco cuando volvió a buscar a sus compañeros de aventura para el reparto, no los encontró. Entonces se debería (y esto es una colaboración nuestra) relacionar exactamente la hora del asalto, fuga y quedada de los asaltantes al despedir el vehículo...". Esto fue lo que publicó un diario de la ciudad.

"La tarea de hoy: ¡UNIDAD DE LA IZQUIERDA! Después viene el asalto al camión de la Coca Cola. Obsérvense aquí los siguientes hechos:

1.- Uno de los presuntos participantes se pasea muy orondo por las calles de Guayaquil, como diciendo icójanmel, a la mañana siguiente de los hechos.

2- Tan pronto es apresado, casi sin que se lo pregunten, se apresura a relatar todo lo acontecido, con pelos y señales. Algo incomprensible, pues cuando el revolucionario confiesa, es solo después de largas e insoportables torturas, la mayoría prefiere morir antes que delatar.

3- Este ciudadano, si bien ha estado ligado a sectores de izquierda, fue siempre mirado como un 'exaltado peligroso'. De aquí que bien pudo ser tentado para actuar de agente provocador. Todo lleva a pensar que este atraco también fue prefabricado como un acto de provocación". Tomado de la revista Anterior de la tarde-que madrugó al servicio del quinto velasquismo-, en donde Alfredo Vera Arrata, "Cachito" y su órgano de comunicación familiar querían "construir el futuro", pues llamaban "camaradas" a los velasquistas. Cabe señalar aquí, que la subdirección y coordinación del Programa Nacional del Banano, fue entregada a "Cachito" Vera Arrata, en mérito a su sacrificado velasquismo.

Las colaboraciones de estos medios de información, coincidían en el veneno hacia quien se atrevió, como otros, a pelear contra el sistema; y, que en la famosa y poca recordada Convención de la URJE, no encontró justas las explicaciones debatientes sobre los cinco mil dólares recibidos por el presidente del organismo político, más tarde expulsado. Me parecía desconcertante que un revolucionario como Alfredo "Cachito" Vera Arrata, haya tenido un doble comportamiento. Al igual que la revista "constructora del futuro", otra con iguales intereses, decía hacer contrapunto con puntas denigradoras.

Nunca conocí al firmón que se presentaba como director, pero el Ecuador desayunó con la noticia de que "algo" explotó en su oficina de Quito, y así puso punto final.

Más de cuatro lustros creo que son suficientes para demostrar la realidad de los hechos, no huérfanos de pasión, pero con la mayor objetividad y apego a la verdad posible. Qué diferencia entre lo que se escribió y los comentarios sobre mi personalidad desarrollados por Jaime Galarza Zavala en el periódico Orientación, impreso en la Universidad Central de Quito, cuyos talleres fueron volados por la dictadura del anti pueblo José María Velasco Ibarra. Qué diferencia lo sostenido por el valeroso y brillante abogado, el Dr. Eduardo Zurita Guerrero, mi defensor.

"Contra él se hizo gala de toda clase de vejámenes y suplicios, con más saña que de ordinario, porque mi defendido es un militante político que embiste gallardo y airoso contra el régimen en el que vivimos. Como ha dicho Thyren, en los crímenes comunes pueden existir motivos nobles, como el honor ofendido, el amor ultrajado, el afán de ocultar la deshonra, etcétera, pero siempre poseen naturaleza egoísta; mientras que los distintos géneros de delincuencia político-social, van iluminados por ideales altruistas de mejora colectiva".

En cumplimiento a lo acordado por la dirigencia de AUSHIRY, en 1972 regresé al Ecuador, para sesionar con los compañeros. En Chile, por las visitas y correspondencia, estaba perfectamente advertido de los personalismos, los desacuerdos y de los giros que una importante sección había dado, pero abrigaba la esperanza de que las contradicciones, rivalidades y falta de claridad política sobre lo que representaba la dictadura del Gral. Rodríguez Lara -quien expulsó del poder a Velasco Ibarra, con las discusiones, serían superadas; y, que con las relaciones internacionales dispuestas a formalizarse, el movimiento tomaría mayor envergadura.

Los esfuerzos fueron inútiles, AUSHIRY en la práctica se encontraba desarticulado; hubo micro grupos que se había separado para cristalizar actos de bandidajes. La situación no daba para más y decidimos disolvernos; sabíamos que era un hecho real que se presentó anterior al formal acuerdo de disolución.

AUSHIRY fue un hito histórico de la década inmortal, ligeramente tocado por un extraño desconocedor de los sucesos del sesenta. Y no formó parte de la URJE como de manera equivocada lo escribió el reconocido historiador Jorge Núñez. Fallamos, es verdad, y en este enfoque no estoy para discutirlo; pero tuvimos aciertos. Solo el saber que, a pesar de las múltiples acciones, estuvimos presos un traidor y yo, es bastante y para pensarlo.

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